La gente no se toma el humor en serio –y eso que nos ayuda a vivir de un modo mucho más digno ¡que no es ninguna tontería! Pero no; cuando hay que ponerse serio ¡hay que ponerse serio y no se te ocurra hacer ¡ni media broma!

En general somos unos verdaderos analfabetos del humor en el trabajo. Somos unos pésimos humoristas en las relaciones sociales. Solemos ser unos negados en el humor durante el sexo… ¡con lo que ayuda! ¡Tú sabes lo que se disimula con el humor cuando la cosa no funciona como esperabais! No sé lo que ha podido pasar… Se me han debido recalentar los plomos y mira, ¡ha saltado el diferencial!

El humor cabe en cualquier situación siempre que no se fuerce la entrada –o la salida. Hay que cultivar la mente, abrirse a la sonrisa y a la desdramatización cuando sea factible. Hay que trabajar riéndose de todo y de todos. Hay que hacerlo, a poder ser sin faltarle al respeto a nadie; ni siquiera a uno mismo. Y hay que ponerse serio cuando realmente sea necesario ¡estoy absolutamente convencido!

Pero que el medium para aglomerar, conglomerar, fraguar las relaciones sociales sea –a poder ser– el humor. Es la respuesta (y la apuesta) más inteligente que nunca ha tenido el ser humano hasta que desarrolló su inteligencia –o lo que quiera que hayan desarrollado muchos. La gente no se toma el humor en serio. ¡Hay que tomarse la vida con más humor y el humor más en serio!

No reitero las supuestas virtudes para nuestra salud mental que nos aporta, porque no quiero parecer un vendedor de humo. Pero apuesto toda mi entera credibilidad a la carta del humor. También es cierto que, como mi credibilidad es tan baja, si pierdo me quedo igual. Pero bien es verdad que me lo he pasado ¡de categoría!

¡Seamos serios! Estamos en una situación de compromiso y no está bien que hagas, ¡ni media broma! Pues perdona, porque con tan solo media broma podemos sonreír y suavizar el asunto. O reír, liberar tensión y así afrontarlo de un modo más activo; menos agarrotado. Podemos hacer que nuestro interlocutor se relaje y acceda a hablar sin problemas. Podemos generar empatía en las situaciones más impersonales. ¡Podemos vivir más apasionadamente!

Esta es la teoría. Aprehenderla para ser capaz de acometer este reto de un modo fluido, con naturalidad, es muy difícil. Pero si yo soy capaz de conseguirlo, estoy convencido de que muchísimas personas que ni se lo han planteado –porque no han tenido tiempo o inquietudes para hacerlo– están perfectamente capacitadas para llevarlo a cabo.

No es necesario tener una gran vis cómica para hacer reír ocasionalmente a la gente. Es tan difícil y enrevesado hacer reír que, por accidente, cualquiera puede conseguirlo. De modo concienzudamente determinado –cerebral– cuesta muchísimo.

Pero no estamos hablando tan solo de provocar la risa, pues el humor llega mucho más allá de las carcajadas: utiliza el humor, piensa, observa el mundo a través de su lente. Imagina un mundo repleto de sketches, gags, parodias, contrasentidos… ¡Bingo! ¡Así es el mundo en que vivimos!

Observar a nuestro alrededor para que todo el absurdo del que formamos parte se nos haga visible no es tan difícil. ¿Recuerdas aquellos estúpidos cuadros que se pusieron de moda a principios de los noventa –supuestamente eran en 3D–, repletos de colores y formas muy raras ante los que, si te concentrabas en un punto concreto elegido al azar y desenfocabas la vista, decían que se veían naves espaciales? ¡Aquello sí que era difícil de ver! En un bar de mi pueblo habían dos adornando las paredes.

Pues muchas personas pasaban horas sentados delante de los cuadros para ver las puñeteras naves espaciales! Yo me sentaba a mirarlos a ellos y me descojonaba vivo. Al final, en su impotencia por no ver nada más que colorines y formas raras, estafados, asumiendo el ridículo, todos terminaban riendo. ¡A ver qué remedio! Pero yo sí había visto lo que pretendía observar. Estaba en 3D, delante de mis narices, como casi todo el tiempo: era la propia vida, trágica en su expresión más honda; comedia en su extensión más auténtica.

Si eres capaz, ¡haz sonreír a la gente!… ¡Hazles reír! No es necesario esperar a que se te ocurra el chiste más divertido de la historia. ¿Y qué pasa si piensas que, tal vez, no dependa tanto del chiste, sino de quién lo cuenta y del cómo lo cuenta?

Pues acertarás. No depende tanto del sentido de lo que se dice, como de la actitud y energía de quién lo dice. Y del momento exacto en que lo hace público, aprovechando la oportunidad que aparece por sorpresa. No importa tanto el qué, si el cómo es acertado.

Y, sobretodo, no depende de las oportunidades perdidas, sino de las que todavía están por presentarse en cada momento de los días. Del cómo se pueden relativizar los problemas para afrontarlos digna y responsablemente. Remarcar en positivo los momentos cotidianos neutros, si se les aplica el sentido del humor.

Mi abuelo Manolo consiguió que el cirujano que le había recién extirpado un tumor cancerígeno obstructor del colon, se descojonase vivo.

–¡Tienes buena cara, Manolo!

–¡Claro doctor! Es que tengo muy buen sentido del tumor.

(Solo cambia una letra, ¡una solo! Pero esa simple acción, lleva implícita toda una filosofía de vida).

Humor (lo demás son tonterías). Amazon Publishing, 2015

Sergi Mo

Author Sergi Mo

Artista. Pintor. Narrador de historias.

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