Una persona es un compendio de contradicciones, sujetas entre sí con el hilo invisible de la oportunidad. Es ahí donde nace aquello tan Ortega-y-Gassetiano del yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo. En base a esta afirmación puede entenderse cualquier comportamiento que una persona desarrolle; más esto nunca llevará implícita la pertinente justificación de ese acto. Para poder hacerlo, es necesario adentrarse en el terreno pantanoso de la moral. Y para que esta observación de la moral no nos ciegue, es más necesario todavía adentrarse en el territorio inhóspito de la ética.

Si establecemos esta hoja de ruta, vemos como nos saltan todas las alarmas cada vez que el perverso afán actual por el reduccionismo se manifiesta a través de todos los usos sociales posibles. La extrema necesidad por englobar en parcelas de consumidores pasivos, definidas estratégicamente. La criba, a través de la cual quien no pase se lo lleva el viento. La principal baza de control que la sociedad global del bienvivir asume como justa y necesaria.

En este maremágnum, la lógica ante la pérdida de conciencia emocional se abrió como nicho mercado potencial hace, al menos, una década. A través de esa ventana han ido saltando centenares de especialistas con mayor o menor atino, teniendo todos en común un carácter pedagógico anclado en lo nostálgico. Una constante que tiende puentes con un pasado en el que, de modo intuitivo, se potenciaba una conexión con las emociones –digámoslo así– mucho más cándida. Menos predefinida. Tal vez la precariedad en el conocimiento, sumada a la precariedad en general favorecía esta forma de sentir la vida.

Pero el presente está adulterado por el conocimiento de las estructuras cerebrales. La candidez relatada, ha dado paso a un aprovechamiento de la misma. La inteligencia artificial no es sino otro paso más en la escalada por englobar al ser humano dentro de una escala de predicción constante.

La necesidad por restarle animalidad al carácter humano, contrasta con el discurso pseudo-naturalista defendido por los postulados filosóficos que en la actualidad copan mayor relevancia dentro de las modas. A pesar de ello, los bajos instintos siguen –y por supuesto, seguirán– a la orden del día para la especie humana. Tal vez por ello, una corriente de buenismo social –e incluso institucional– nos inunda desde el cambio de siglo. Nada censurable, siempre que no se quede en una mera fachada.

Lamentablemente, en la mayoría de situaciones observadas a tiempo transcurrido, la obsesión estética primó sobre la profundidad ética. La moral se adecuó a lo accesorio para dejar lo trascendental oculto. Quizás, por miedo a mostrarnos imperfectos; vulnerables, en ocasiones. La moda del éxito en base a parámetros estrictamente capitalistas es un activo que juega en contra de lo emocional. Por mucho que se empeñen los adalides de las ideas de charla Ted. La filosofía basura.

El éxito de estos discursos populistas de venta de felicidad tras dieciocho minutos de escucha, son una muestra más de la eyaculación precoz de las ideas que aceptamos socialmente con buena cara y sentimiento de gratitud. ¡Gracias por revelarnos el tuétano de la realidad! Y mejor todavía: ¡gracias por colgarlo gratis en Internet!

Ese tipo de lectores, –como digo consumidores de la filosofía basura– no van a leer este discurso –al menos, no llegarán más allá del primer párrafo–. Lo afirmo sin ningún ánimo pretencioso, ni consideración ninguna acerca de una posible superioridad filosófica. Lo expongo, sencillamente, observando y siendo plenamente consciente de la divergencia. Del modo distinto de pensar que existe entre seres humanos. De la validez de todos, siempre y cuando nos mantengamos dentro de los parámetros de la lógica y de los derechos humanos.

De todos modos, ya me conoces –y si todavía no es así, te invito a hacerlo–. Podemos congraciarnos los dos e ironizar ante la situación. Así pues: ¡qué maravilla es la sociedad que alimentamos a golpe de likes! Las palmas se tornan corazones y pulgares arriba. Todos somos buenos por naturaleza. Incluso la naturaleza es buena por naturaleza. La felicidad es un manantial que nace en la piedra de la constancia. Si sueñas lo que crees, creerás lo que sueñas. Una sonrisa siempre es la expresión del alma que quieres encontrar. El futuro está al alcance de tu mano si estás decidido a intentar volar. Persigue tus sueños antes de que tus pesadillas te persigan a ti…

Así podríamos estar mucho tiempo, pero del exceso de ironía caeríamos en el sarcasmo, que es la puerta a la burla. Y de pequeño me enseñaron que no está bien burlarse de los que no están bien. Así que como cierre me limito a recordar una frase maravillosa. Una de esas perlas que son las greguerías del genio: Quiso unir la alegría con el dolor y estalló el laboratorio. Ramón Gómez de la Serna.

***Dicho lo cualo –y una cosa no quita la otra–, ¡compra y lee mi libro! Y si quieres que vaya a hacer una charla a algún lugar propicio, ¡dímelo y allí estaré si es posible! Puedo hacerla incluso de dieciocho minutos…***

Portada del libro "Resistir"
Sergi Mo

Author Sergi Mo

Artista. Pintor. Narrador de historias.

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